Música: "One man´s dream" Yanny

 

Reconquista

 

La vida del reino musulmán, sobretodo durante el período nazarí, acosado por la presión de las armas cristianas y por la debilidad generada por las guerras internas que sostuvo, fue debilitándose progresivamente hasta reducir significativamente sus límites. En esa situación, la decisión de los Reyes Católicos de acabar con el último poder musulmán en la Península, se concretó en el famoso sitio de la capital que el 2 de Enero de 1.492 acabó con la rendición, consumándose así la obra de la unidad de España.

Dueños de Granada, los cristianos entregaron su gobierno al arzobispo Fray Hernando de Talavera, al Conde de Tendilla y al Secretario Hernando de Zafra. Las capitulaciones para la entrega de Granada respetaban la lengua, religión y costumbres de los vencidos, pero la política tolerante de Talavera y Tendilla cambió pronto de rumbo al decidir el cardenal Cisneros, en 1499, que todos los sometidos fuesen bautizados o por su voluntad o por la fuerza, lo que originó descontento y, finalmente, motines e insurrecciones como el alzamiento de 1.500 que, sofocado por Talavera y Tendilla, convirtió a las Alpujarras en refugio de los rebeldes. Tras la muerte de los Reyes Católicos, Doña Juana prohibió el eso de sus trajes tradicionales y Felipe II el uso de su idioma y costumbres lo que generó la revuelta del Albayzín y el levantamiento de la Noche de Navidad de 1.568 así como que el morismo D. Fernando de Válor, refugiado en las Alpujarras, fuera proclamado rey con el nombre de Aben Humeya. La insurección quedó sofocada por la intervención de las tropas mandadas por Don Juan de Austria quien, una vez divididos los rebeldes y muerto Aben Humeya así como su sucesor Aben Aboo, mandó repoblar el territorio con españoles venidos de casi todos los rincones de la Península a la vez que se ordenó expulsar a los musulmanes reticentes. Después de ésto, Granada pudo llegar a tranquilizarse destacando, con el tiempo, por lo notorio de sus famosas escuelas artísticas y por su Universidad configurada por Bula de 1.531 por el Papa Clemente VII en linea con las de Bolonia, Alcalá, París y Salamanca. Desde ese momento ningún hecho de especialísima relevancia ha sido capaz de separar la historia de Granada con la general española.

1492: El incierto futuro de los granadinos.

"Cuando fue ya completa la tranquilidad en la ciudad, el monarca cristiano otorgó permiso para pasar el mar, para lo cual puso en la costa las oportunas naves. Los que habían decidido hacer la travesía empezaron a vender su hacienda, fincas y casas. Tal había que vendía su huerta, tierra de labor, carmen o campo por un precio inferior al valor de los frutos, siendo los compradores bien los musulmanes que habían optado por quedar como mudéjares o bien los mismos cristianos.

De un modo parecido se enajenaban las alhajas y efectos. La orden dada para el viaje, era que se presentasen en la costa con todos sus familiares. Una vez allí, los cristianos se encargaban de embarcarnos con toda clase de consideraciones y respetos, pasándolos a la banda marroquí completamente tranquilos y seguros. Por aquel entonces prodigaba el monarca cristiano toda clase de cuidados, consideraciones y respetos a los musulmanes, hasta el punto de excitar los celos y la envidia de los propios cristianos. Vosotros -decían éstos a aquellos- gozáis ante nuestro rey de más aprecio y honores que nosotros mismos". En efecto, rebajóles los tributos y tratábalos con justicia.

Todo ello no era más que habilidad y maña para atraérselos y apartarles de emigrar. Fueron muchos los musulmanes que, movidos por la ambición y creyendo por otra parte que este trato sería duradero, adquirieron a bajo precio haciendas y muebles preciosos y se decidieron a convivir con los cristianos. Después de esto, ordenó el rey cristiano al emir Mohammed ben Alí que se trasladase desde Granada a la alquería de Andarax, perteneciente a las Alpujarras. Así lo ejecutó, partiendo con su familia, cortesanos, bienes y todo su séquito, y avecinándose en dicha alquería, en la cual permaneció en espera de nuevas órdenes. Parecióle más tarde al rey trasladar al emir Mohammed ben AIf, a la costa de Marruecos. Ordenóle, pues, que se aprestase a hacer la travesía, para lo cual dio comisión de que arribasen naves al puerto de Adra, donde se le reunieron otros muchos musulmanes que determinaron emprender el mismo viaje. Todos ellos, emir y acompañantes, embarcaron en las naves aprestadas, bien atendidos, respetados y honrados de los cristianos. Como final de su navegación, desembarcaron en Melilla, en la costa de Marruecos, desde donde continuaron a Fez (guárdela Dios). Quiso Dios en sus designios y decretos que, al tiempo del pasaje a Marruecos y marcha a Fez del emir Mohammed ben Alí afligiese a aquellas gentes una gran penuria que se manifestó en una extremada carestía seguida de hambre general y de la peste.

Llegó a ser tan grave la situación en Fez, que de ella huían las gentes; y hasta algunos de los que al país habían llegado, emigrados del Andalus, retornaron a este país con la noticia de tal penuria; con lo cual muchas personas quedaron imposibilitadas de emigrar. En vista de esto decidióse la gente a residir en el país, en calidad de mudéjares. Ya para entonces los cristianos no pasaban a ningún musulmán a la otra orilla sino previo el pago del pasaje; esta en circunstancias en que tributos pesados se añadían a la percepción del diezmo.

Cuando vió el rey de los cristianos que los musulmanes habían abandonado sus proyectos de emigración y que se habían decidido por adoptar la condición de mudéjares, avecindándose y estableciéndose en el país, empezó a faltar a las condiciones en un principio pactadas. Prosiguió violándolas, una a una, y quebrantándolas, artículo por artículo, hasta incumplirlas todas en absoluto. Entonces cesó el fuero del Islam para los musulmanes, quienes se vieron menospreciados, vejados y tratados altaneramente por los cristianos. Impusiéronseles alfardas, gravóseles con pesados tributos y hasta se les suspendió el pregón del almuédano en las torres. Ordenóles también que, abandonando la ciudad, pasasen a habitar en los arrabales y alquerías y que no quedasen en Granada más que los Abencerrajes. Y llenos de oprobio y humillación tuvieron que salir de la ciudad".

 

Árabe

Los estudios hasta ahora realizados evidencian que los orígenes de la ciudad se encuentran en el Albayzín sobre todo a partir de las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo, desde el siglo XVIII, en el Carmen de la Muralla. En torno a este lugar se encuentran las raíces de la Granada preibérica, ibérica, romana y árabe. Refuerzan esta opinión los restos arqueológicos encontrados en los trabajos de excavación llevados a cabo en la construcción de la futura mezquita justamente al lado de la iglesia de San Nicolás.

La instalación aquí de los primeros musulmanes no es sorprendente si recordamos que la avanzadilla militar llega en el 714 y ya en el 750 levanta una impresionante fortaleza defensiva en el Mauror. Aún se conserva... ¡qué maravilla!... es la Torres Bermejas de Sawar Ibn Handum. Un asentamiento y relativamente masivo, colonizante, era preciso. Por ello, entorno al 765, la aristocracia siria busca un lugar apropiado: cuenta esa historia-leyenda que por doquier fluye por el barrio que cuando Assez Ibn Abderraman El Xeibani, con sus piernas en compás y los rudos brazos de combatiente apoyados en su cintura, observaba el paisaje desde lo que hoy es la parte más elevada de la Cuesta de María la Miel, justo donde termina la Placeta de la Minas, exclamó señalando a lo lejos, que lo que se alzaba a su izquierda no podía ser Sierra Nevada sino su amado Antilíbano, ni lo que aparecía al frente podía ser la Sierra de Alhama por que, sin duda, era su añorado Hermon y que aquella superposición de cercanas elevaciones era imposible que fueran ni Sierra Elvira ni la Sierra de Parapanda, porque podían ser...¡debían ser!.. las deliciosas y brumosas cumbres de su Jebel anhelado,... y a sus pies, la feraz Vega: aquello que veía no era una tierra extraña, esa maravilla de transparencia tilinteante era Damasco, la nueva Damasco.

Muchos granadinos están convencidos de la importancia de la dinastía Nasrí iniciada por Alhamar. Llegan, inluso, a considerarla única o la primera dinastía en el proceso político de la Granada islámica. Se olvidan de quiénes forjaron el reino y fueron capaces de transmitirlo aunque indirectamente y "a trancas y barrancas". Todo se inicia en la descomposición califal que aparece fulminantemente tras la muerte de Almanzor. El enfrentamiento por el poder entre Abbasíes y Hammudíes será la clave de todo: Un general bereber, Zawi Ibn Ziri, apoya a Suleimán Al Mutain quien consigue un trono tambaleante. El hammudí concede al bereber el gobierno de la Cora de Elvira. Corre el año 1.013 y Granada, aún vinculada a Córdoba, comienza a poner sus cimientos de taifato. El gobernador zirí no piensa en reinar sino en enriquecerse para poder ser monarca en su querida Ifriquiya. En 1.019 sale de Almuñecar con toda su familia y riquezas dirigiéndose a alcanzar un sueño que nunca logrará. Granada queda como fruta en el camino. Un sobrino de Ziri, Habus Ibn Maksan, señor de Iznájar, pretende la cora y el reino: en el mismo año de la marcha de su tío se adueña de Granada pero su inteligencia le habla de su incapacidad en la ardua labor de organizar un estado: él sólo sabe cortar cabezas y perseguir a las huríes de perfumada cabellera y misteriosa mirada. Cavila y el desánimo le atenaza: no puede confiar el proyecto a nadie de su clan, el Sinhaya; son tan incultos como él. Tampoco puede confiar en algún Zanata, abbasíe y anemigo. Imposible dejarlo en manos de los prestigiosos sirios; no eran de fiar. Tampoco le servían los eslavos mercenarios ni los árabes españoles. No le quedaba nadie... ¿Nadie?: quedaban los judíos, esos viejos y recónditos habitantes del actual Realejo y San Matías, la Garnata Al Yehud, en los que nadie confiaba más por ser distintos que por otra cosa. La fama y el prestigio del repetado Samuel Ben Nagrela le convencen y con el tiempo le nombra visir,... y ¡qué visir!: organiza la hacieda, interviene en la modernización de la justicia, promueve la cultura, predispone a la tolerancia, da con su vida ejemplo de ética personal y de consumada y fina diplomacia. A la nobleza musulmana no le queda más remedio que respetarlo y, al final, hasta admirarlo; se la "mete en un bolsillo"... La verdad es que debió de ser un gran tipo.

En 1.035 Habus muere y le sucede su hijo Badis Ibn Habus, el gran Badis, el famoso propietario del Dar Al Dic Roh, el visitante a regañadientes de la aljama Sahnún, el compañero de juegos, correrías y juergas del hijo de Samuel. Pero los años pasaron y el viejo Nagrela, como cualquier mortal, terminó por irse. Todos lo lamentaron. Su hijo Yusuf será el nuevo visir, pero su talante y sus hechos fueron distintos: agresivo, descarado, escastado y sañudo se empecina en un poder que cree caudillesco y vitalicio hasta llegar a enfrentarse con todos pero, sobretodo, con el peor enemigo posible: Abu Isaq el walí de Elvira, quien con su última diatriba cala en la predispuesta sensibilidad de la incomodada nobleza musulmana que cree que los tiempos pasan para algo, que ya nada es igual: ya no son los incultos y broncos guerreros que fueron, han aprendido en qué consiste la estructura de un estado y cómo funciona. Les gusta la poesía, la música, las artes; su sensibilidad es otra, y, también, su capacidad: ya pueden ocupar puestos de gestión, ya pueden sustituir, por méritos propios, a los despreciables hebreos aunque siempre habría que exceptuar la respetada figura del gran y buen Samuel: él era otra cosa. El Pogrom de la Noche Vieja del 1.066 fue la culminación del malestar reinante: la nobleza hebrea residente en torno a la actual Plaza de San Miguel Bajo fue sacrificada en sus propios lechos mientras iniciaba el reparador sueño. Debió ser una noche espantosa, una verdadera noche de cuchillos largos, de horror indescriptible y de lastimosos e infantiles lloros y desgarradores llantos de mujeres asustadas tanto por el peligro que corrían como por la incomprensión suscitada por una violencia tan cruel, humillante e infame. Pero el mundo no se vino abajo; los judíos desaparecieron del poder sustituidos por la aristocracia árabe y, mientras tanto, Badis consigue la máxima pujanza para Granada: conquista territorios de Málaga, de Jaén y consolida fronteras y, por si acaso, remoza y fortifica las viejas Torres Bermejas de Handum.

Tras un largo reinado, el gran Badis muere en 1.075 y viene a sucederle tras toda suerte de dificultades y entresijos su nieto Abd Allah, el famoso Buluggin, auténticamente y sin dudarlo el primer zogoybi de la historia granadina. Con él llega la decadencia: mimado por todas las mujeres de palacio, envuelto entre algodones, excesivamente sofisticado y dubitativo era el prototipo del blandengue, el paradigma del no saber qué hacer; carecía de la audacia del feroz Badis, de su pulso, de su capacidad de dormir de dos ojos con uno y medio abierto, de su confianza en sus actos y de su desconfianza por todo lo que cercano o lejano a él existiera. La enorme debilidad dinástica del reinado de Abd Allah, coincidió con un importante auge del integrismo almorávide dirigido por el visionario y terrible Yusuf Ibn Tasfin que, entre otras cosas, destrozó el palacio de Badis (donde se hallaba la Casa de la Lona y hoy las primeras casas del borde Oeste de la Plaza de San Miguel), llevado por la obsesión de encontrar el tesoro zirí y confundido por la leyenda de la veleta del Gallo del Viento situada en los alrededores del actual Callejón del Gallo. A partir del 1.090 en que llegan los Devotos y que influyen bastante poco en el urbanismo del momento, se prepara la siguiente oleada integrista de la mano de los Unitarios o Almohades que con sus actuaciones urbanísticas mejorarán el panorama arquitectónico de la ciudad: costruyen la aljama Ataibín, los ahora destruídos palacios de Dar Al Baida y del Neched, el Cuarto Real de Santo Domingo o de la Almanxarra así como, en 1.228, la almunia del Alcazar Genil (Qasr Al Sayyid) que posee una hermosa y estilizada Qubba similar a la del Cuarto Real, posteriormente imitada y mejorada por los Nararíes cuando llegan a levantar la hermosísima estancia casi sufí del salón del trono de la Torre de Comares. Almorávides y Almohades constituyen la transición entre quienes crearon un reino y quienes lo desarrollaron y perdieron. Que en ambos casos se trató de un pequeño estado, un taifato, es cierto; sin embargo, lo que por encima de todo importa es que fueron los ziríes los que hicieron posible Granada, una ciudad que nació en el Albayzín y allí es donde se sigue proyectado su historia y sus esencias más vitales.

 

Romano

Fenicios, griegos y cartagineses la recorrieron colonizando algunos lugares costeros tales como las fenicias Sexi (Almuñecar), Salambina (Salobreña), etc... así como los griegos fundando Ulisea en la Alpujarra. En unión de los cartagineses, los nativos se enfrentaros al poder de Roma durante las Guerras Púnicas hasta que el triunfo de Cesar sobre Pompeyo decidió una suerte que les fue favorable bajo el Imperio que dividió el territorio en dos zonas: una que comprendía la cuenca del Genil y se cerraba de SE. a NE., y otra que comprendía las grandes poblaciones del actual norte provincial Acci (Guadix) y Basti (Baza). Otros municipios fueron Ilurco (cerca de Íllora) e Ilíberis (Granada) que fue el poblamiento más importante de todos los que ocupaban la depresión al pie de Sierra Nevada. Pese a ser una "urbs" no demasiado grande en el ámbito más general puesto que estaba integrada en el área de influencia de Acci, la organización administrativa de Augusto la vitaliza convirtiéndose en "municipium" rodeándose de murallas y levantando un Foro. Desde el punto de vista urbano no cabe duda que Roma fue la responsable de la creación de Ilíberis y, en consecuencia, de Granada.

Los importantes y frecuentes hallazgos arqueológicos ponen de manifiesto la progresiva importancia de la ciudad y de su comarca: el centro romano irradiaba desde la Placeta de las Minas donde se encontraba la Basílica y el Foro, enlosados en mármol, acolumnados y con bellas estatuas, llegando a las zonas de S. Nicolás, S. Miguel, S. Juan de los Reyes y parte sur del barrio, todo protegido por cercas que coinciden, en parte, por las del trazado zirí del siglo VIII. La ciudad romana ocupó un cerro alargado en sentido Este-Oeste, cuya altura máxima es de 769/770 m. sobre el nivel del mar en la zona de la Plaza de San Nicolás y del grupo escolar "Gómez Moreno". Por el lado Norte, limitado parcialmente por la muralla zirí, la parte más occidental desciende bruscamente sobre la Alhacaba en tanto que la oriental, desde Plaza Larga, continúa en la misma cota y ascendiendo en dirección Norte. Por la parte Sur la colina desciende hasta el Darro (690-700 mts. aprox.) en forma de terrazas, siempre estrechas y alargadas en dirección Este-Oeste, que coinciden, en curvas de nivel, con los actuales ejes del Albayzín (Calles Nueva de San Nicolás y de las Tomasas, Aljibe del Trillo y Guinea, San Juan de los Reyes) cuya peculiar topografía favorece más una relación en sentido Este-Oeste que en sentido Norte-Sur; en este último muchas calles, a fin de evitar los desniveles de las terrazas, se convierten en escaleras imposibilitando cualquier tipo de tráfico rodado.

La dispersión de hallazgos realizados con anterioridad al inicio de las excavaciones sistemáticas en el Carmen de la Muralla resulta enormemente significativa a la hora de intentar establecer los limites y posibles ejes principales de la ciudad. La mayor parte de las inscripciones halladas en el Albayzín se concentra en dos puntos: la zona del Aljibe del Rey, Huerto del Carlos y, más al Este, en la calle de Maria la Miel, esquina a la desaparecida calle del Tesoro, lugar que hoy queda dentro del Carmen de la Concepción, formando parte del lote del material recuperado en las excavaciones de Juan de Flores. El hecho de que se trate en su totalidad de inscripciones honoríficas concuerda perfectamente con la existencia del Foro en este lugar.

Fuera de esta zona se ha hallado una inscripción. funeraria, al S.0. del Albayzín, en la Placeta de San José. De acuerdo con el testimonio recogido por Gómez Moreno, la extraordinaria abundancia aquí de tégulas permite pensar en la posible existencia de una necrópolis. Del conjunto de inscripciones recuperadas sólo dos aparecen aparentemente fuera de lugar: una inscripción honorífica hallada en la Placeta de la Cruz Verde, al S.0. del Albayzín, y una inscripción sepulcral hallada en la zona del Foro durante los trabajos de excavación de Flores. Si para la primera parece explicarse fácilmente su desplazamiento por ulterior reutilización, para la segunda, sin excluir esta explicación, queda otra alternativa imposible de probar arqueológicamente en la actualidad pero que no debe perderse de vista, alternativa que implicaría una utilización del lugar donde estuvo el Foro. Pese a toda la importancia arqueológica que posee Ilíberis (Granada) no pasó de ser una ciudad de relativa poca importancia si la comparamos con las grandes metrópolis: Itálica, Emérita, Tarraco...

Con la invasión bárbara ocuparon la ciudad y la comarca los vándalos y silingos, y su parte oriental los alanos, siendo entonces teatro de una serie de luchas acordadas por Walia que expulsó a silingos y alanos, sometiendo la comarca al poder de Honorio (419). Tres años después, los vándalos se apoderaron de Guadix y Granada hasta que Leovigildo avanzó hacia ésta logrando dominar y expulsar a los romanos a finales del siglo VI, dividiendo la Bética en dos regiones: Hispalis, con Sevilla, Huelva y Cáceres y la Bética, con Granada, Almería y Jaén, división que duró hasta el siglo VIII. Los cristianos, dominados, tuvieron qque luchar para defender su fe y sus tradiciones, sin embargo la conversión de Recaredo les dió la libertad propiciando la construcción de varias iglesias en la ciudad de Granada, cuya existencia testimonian las inscripciones acuñadas en las monedas que hacen mención a los nombres de determinados obispos así como a varios Concilios españoles.

 

Ibérico

Del período Ibérico apenas si ha quedado rastro como consecuencia de las sistématicas destrucciones que se fueron produciendo por las sucesivas invasiones que en la zona se produjeron. En lo que hoy es la provincia se fueron instalando bastetanos (Baza), oretanos (Baza y Zalona), bástulos (por la costa) y celtas (por la Serranía de Ronda, especialmente); los túrdulos que fueron los más civilizados ocuparon el Oeste de Jaén y la mayor parte de Granada, ciudad que debió ser fundada probablemente por esa tribu o por los bastetanos allá por el siglo VII a.C. En el siglo V antes de Cristo se acuñaron monedas con el nombre ibérico de Ihverir (Ciudad Nueva) y Elybirge (citadas por Hecateo de Mileto) y que según García Bellido pudo ser el más antiguo antecedente de la actual Granada. Hasta mucho después no aparece el topónimo de Iliberri, probablemente de origen celta, citado ya por Plinio en el siglo I antes de Jesucristo. No es nada aventurado afirmar, por lo tanto, el establecimiento aquí de un poblado ibérico con vocación de ciudad si nos atenemos a la frecuencia y dispersión de los restos culturales encontrados. En las excavaciones efectuadas en los últimos tiempos se ha podido constatar una importante cantidad de restos de construcciones ibéricas además de alguna necrópolis relativamente separada del núcleo básico. Concretamente en el entorno donde posteriormente estaría el palacio de Badis, el famoso Dar Al dic Roh, y hoy el Huerto del Carlos, plaza de San Miguel Bajo, Santa Isabel la Real y la Casa de la Lona existen sumidos en la entrañas del territorio restos ibéricos (cimientos de edificaciones, cerámica y monedas...) que confirman que nuestro barrio ya debió de estar poblado hace 2.600 años aproximadamente. Las monedas evidencian, por su propia grafía, la denominación de Ihverir, como recoge Hecateo y en la actualidad hace el profesor Sotomayor que amplia el topónimo a otros tanto equivalentes como Ilturir, Ildurir, Ilurir, Ilberir

Prehistoria

Los orígenes de la ciudad son insuficientemente conocidos con precisión, si bien debió de llegar al territorio la influencia neolítica de la cultua Egea a juzgar por los restos de sepulcros de gran coincidencia con los propios de la Grecia micénica. Tales tipos arquitéctónicos tuvieron un desarrollo suficiente en nuestra comarca y cercanías con ejemplos tan sobresalientes como el megalitismo de Dílar, Ventas de Zafarraya y las necrópolis de las cercanas Íllora, Montefrío, Alhama y hasta Guadix y Baza, ya en el Norte. Merece la pena por su importancia y adecuada actualización y promoción hacer referencia a la Cueva de las Ventanas en el municipio cercano de Píñar. Desde 1.999 el Ayuntamiento gestiona este espacio arqueológico en el que sucesivamente se fueron instalando poblaciones total o parcialmente rupestres desde el paleolítico superior hasta nuestros días pasando por ella grupos Neolíticos, Iberos, Romanos y Árabes... De igual manera es importante hacer especial referencia así como un breve comentario de la Necrópolis de la Peña de los Gitanos en Montefrío, cerca de la capital de Granada: al Oeste del municipio y a unos cuatro kilómetros del núcleo urbano se hallan las unidades básicas de esta importante zona arqueológica: El Castillón, la Camarilla y el Rodeo. Ocupan una extensión de unos 2 kilómetros que se desarrollan paralelos a la carretera que va de Montefrío a Íllora en medio de un paraje formado por terrazas y zonas amesetadas con abundante vegetación de encinas y monte bajo. La Necrópolis está formada por Megalitos que son construcciones funerarias de carácter monumental para enterramientos, normalmente, colectivos. De estos elementos los dólmenes (cámara sin corredor) son los más abundantes.

Las poblaciones megalíticas se instalaron en nuestra comarca y ciudad alrededor del tercer milenio antes de Cristo, imponiendo su cultura a los grupos residentes que mantenían la tradición rupestre. Las novedades más sobresalientes que aportan son las nuevas formas de cerámica, cambios en la industria lítica y ósea así como la implantación de la agricultura. Todos estos cambios se fueron produciendo, lentamente, a partir del neolítico tardío. Los objetos más usuales encontrados han sido: vasos de cerámica, hojas y elementos de silex, hachas, puñales, brazaletes... destacando una espada con remate de cobre que se conserva en el Museo Arqueológico de Granada.

Situación geográfica

 

La ciudad de Granada está llena de fuertes contrastes tanto humanos como físicos. Centraliza una región en donde se ponen en relación las tres grandes unidades del territorio: la Andalucía fluvial, la marítima y la continental. Situada en lo más nuclear de la cordillera Bética tiene, sin embargo, enlace natural por el surco continuado de las depresiones interiores de la provincia e, incluso, más alla puesto que sirve de enlace entre la zona levantina y las costas mediterráneas. Situada sobre la Vega, junto a sus ríos y benefiándose de un poderoso manto freático, ha dispuesto siempre de posibilidades más que notables para el desarrollo económico bajo la condición de producir excelentes productos agrarios.

La ciudad está dividida en dos por el río Darro que discurre oculto por el centro de la ciudad separando, en su parte más antigua, la colina del Albayzín de la que sostiene la Alhambra, la Axabica. La conexión del río generador con el Genil se realiza por el Sur donde la extensión urbana ha sido muy importante en la última centuria. Asimismo, el crecimiento ha sído y es destacado en el Norte y muy limitado por el Este (la acrópolis y el área de las zonas patrimoniales) y por el Oeste, donde la lógica legal está intentando poner coto al deterioro de esa espléndida Vega feraz de la que ya quedan pocos retazos incólumes y aquellos que aún se mantienen se encuentran amenazados por obras institucionales que, como la Circunvalación, cercenan y dividen terrenos antes homogéneos y ahora deshilvanados y desconectados del tejido unitario de la comarca. Esa maravillosa Vega secular, esquilmada y temerosa, de unas 230.000 hectáreas queda circundada por las últimas estribaciones de Sierra Nevada y las de Alhama, Loja, Parapanda y Harana. La celebraron los más notables escritores musulmanes en una comparación contínua con los lugares más intensos y recordados por su memoria colectiva. La identificación con Damasco por El Xeibani, allá por el 750, ha quedado inmersa en esa tupida historia-leyenda que fluye sin parar por los intrincados vericuetos de una entramado urbano sorprendente y halagador. En el siglo XIV supo mantener más de 300 alquerías tachonadas por el relumbrón de almunías y casas de lujo que la nobleza situaba en los más deseados lugares.

Música: "One man´s dream" Yanny
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(Anónimo, Nubda, trad. C. Quirós)