Música. SONETO 4.- Rogerio O. Cunha

BOABDIL:

Fue el último rey moro de Granada. de 1482 a 1492 , hilo de Muley Hacen (Abu-l-Alí Hasan Asquilula) y de la sultana Aixa, nacido en 1460. Guerreó contra los cristianos que le hicieron prisionero y le pusieron luego en libertad mediante la promesa de rendir vasallaje a los Reyes Católicos. Aceptó Boabdil esta condición, y procuróse el apoyo de los reyes cristianos en la rivalidad que sostuvo con su tío Abdalá el Zagal, que se había apoderado de buena parte de su reino, pero faltó deslealmente a lo pactado y entonces los Reyes Católicos, tras vencer al Zagal, hicieron definitivamente la guerra a Boabdil y sitiaron y conquistaron Granada desposeyendo al rey moro de sus dominios y dando fin con ello a la dominación árabe en España (1492).

Boabdil se refugió en África, poniéndose al servicio de su pariente Alamed ben Meriní, rey de Fez, y perdió la vida en el combate de Bacuba en 1526.

Pero, ¿cómo era, en lo físico, Boabdil?. Acudamos, para conocerlo, a la descripción de los historiadores y al estudio del retrato supuestamente auténtico que se conserva de él. Don Francisco Fernández de Córdova, abad de Rute y autor del manuscrito titulado "Casa de Córdova, origen i fundación i antigüedades desta cibdad", lo describe así: "moro de raçonable estatura, buena trabaçón de miembros, rostro alargado, moreno; cabello, barba i ojos negros, grandes, con muestras de melancolía, si ya no era compostura real. Va montado a la jineta, segun su usan ça, en un cauallo rucio blanco, enjaezado ricamente. armada su persona de una fuerte coraza forrada de terciopelo carmesí con clavaçón dorada, capacete grabado, espada riquísimamente guarnecida de plata, al cinto gumía damas quina i lanza i adarga fuertes. Sobre la coraza trae ceñida una amplia aljuba o marlota de terciopelo brocado carmesí, abierta de arriba abajo i punteada con fino i dorado galón" . Así debió ser Boabdil y así vestía cuando fué preso en el arroyo de Martín González, tras del fracasado asalto a Lucena.

(Música. SONETO 4.- Rogerio O. Cunha)
El poeta Ben o Ibn Zamrak tuvo la fortuna de que sus composiciones fueran escritas en estuco sobre los muros de la Alhambra o esculpidas en mármol en las tazas de sus fuentes. He aquí la que decora la Sala de Dos Hermanas, dedicada a MOHAMED V, según versión de Emilio García Gómez:

YUSUF I:

 

Los Abi-l-Ulá, simulando ser ajenos al crimen y con propósito de ganarse la voluntad del nuevo rey, proclamaron en las afueras dc Algeciras el día 25 de agosto de 1333, al infante Yusuf, hermano del difunto monarca. Granada acogió la proclamación favorablemente a pesar de que el nuevo sultán era menor de edad pues sólo tenía entonces quince años y ocho meses. Los historiadores árabes dedican a Yusuf 1 hiperbólicos elogios. He aquí cómo nos lo describe Ibn al-Jatib: "Era de tez morena, naturaleza fuerte, de buena figura y mejor carácter. Mostraba dientes centelleantes, ojos grandes, cabello negro y lacio, espesa barba, hermoso rostro y clara voz que se escuchaba con agrado. Su noble figura y su extremada belleza le hacían sobresalir entre el resto de la gente. Dios le dotó de extraordinaria inteligencia, sano juicio y buen criterio. Ingenioso y meditativo, sabia prever el futuro. De natural pacífico, procuró mantener buena amistad con todos los monarcas de su tiempo. Amaba el arte y en especial le fascinaba la arquitectura. Gustaba vestir con elegancia; era aficionado a coleccionar armas y adornos y poseía cierta habilidad para la mecánica".

En los comienzos de su mandato manifestó gratitud hacia los Abi-l-Ulá que le habían elevado al trono, designando a Abú Zábit caudillo del ejército del Sur, jefe de su estado mayor. Educado por su abuela materna, la horra Fátima, hija del sultán Mohámed III. Mujer de claro talento y gran experiencia, fue su mentora durante la minoría de edad y siguiendo sus consejos y los deseos de los cortesanos que le rodeaban, nombró ministro a Ibrahim Ibn Abd al-Barr, quien ejerció su cargo sólo unas cuantas semanas, pues en octubre de 1333 encargó del poder a un personaje de mucha más categoría y cuya intervención en los negocios de Estado habría de influir poderosamente en la prosperidad del reino: el cristiano renegado Abu-l-Nuaym Reduán, el cual había ejercido ya el visirato durante el reinado del difunto hermano Mohamed IV.

Dotado de notable inteligencia, extremo valor y probada lealtad, los sultanes a quienes sirvió depositaron en Reduán toda su confianza aceptando sus iniciativas políticas y siguiendo sus sanos consejos. Durante los primeros años de reinado gobernó con paz y armonía por su carácter pacifista. Yusuf I estuvo, largo tiempo, en paz con los cristianos. Apenas entronizado firmó la tregua que Mohamed IV tuvo que pactar con el monarca castellano Alfonso XI, tregua iniciada a mediados del año 1337. Seguidamente invitó a Alfonso VI de Aragón a adherirse al pacto convenido con Castilla, invitación que el aragonés aceptó de buen grado. La tregua fue renovada por otros cuatro años antes de su finalización y la paz se mantuvo entre cristianos y musulmanes hasta fines de 1339. Durante el periodo dc paz, Yusuf I y su ministro Reduán se dedicaron activamente a reorganizar el Estado nazarí, a la realización de importantes obras públicas, al fomento de la enseñanza, al embellecimiento de Granada y en particular a la restauración de aposentos del palacio de la Alhambra y a la construcción de otros nuevos.

En el orden administrativo, el gobierno central estaba atribuido a uno o varios visires o ministros que, dado el carácter absoluto de la monarquía, actuaban como delegados del sultán. Si dicho gobierno lo constituían varios ministros, uno de ellos ostentaba la consideración de háchib o primer ministro. Cada provincia o distrito se hallaba a cargo de un ámil, con funciones semejantes a las de un moderno gobernador civil. Del ámil dependían la justicia, encarnada en el cadí o juez, las funciones religiosas, que desempañaban el jatib o predicador y el imán o director de la oración asñi como las policíacas, cuya jefatura ejercía el sáhib al-medina, llamado también sáhib al-surta. La policía del mercado gozaba de jurisdicción independiente que correspondía al muhtásih o almotacén.

Los jefes de los varios gremios eran conocidos por amines o fieles y por alarifes. En la capital del reino dependían directamente del sultán, el juez supremo o cadí al-chamáa denominado también jatib al-Hamrá o predicador de la Alhambra, el cual asesoraba al monarca en los asuntos jurídico-teológicos y el diwán al-insá o cancillería real, cuya jefatura ejercía un arraez a cuyo servicio se hallaban los kuttab o funcionarios de dicha cancillería. El jeque de algaras ostentaba la jefatura de las milicias africanas y el caudillaje de las fuerzas que operaban en la frontera, sobre las cuales ejercía mando autónomo, independiente de la autoridad del sultán, quien, sin embargo, era jefe supremo del ejército cuando marchaba al frente de las tropas. Del jeque de algaras dependían los alcaides o gobernadores militares de distritos.

En la capital del reino la autoridad militar estaba atribuida al alcaide de Granada, bajo cuyo mando se hallaban los hurra al-medina, soldados que constituían la guarnición de la ciudad y formaban la tropa andaluza que se incrementaba en caso de necesidad mediante levas. Finalmente existía la guardia palatina que estaba compuesta, en su mayor parte, por cristianos renegados conocidos por "elches" en Castilla y por "mamálik" en Andalucía y era mandada por un arraez. Esta tropa guarnecía la Alhambra y su medina y en ella tuvieron depositada su confianza los sultanes. Sus arraeces intervinieron con frecuencia en la política, sobre todo cuando fue suprimido el cargo de jeque de algaras y se unificó en la persona del sultán la autoridad militar de todo el reino. Yusuf I a quien se puede considerar como el rey sabio de la dinastía nazarí poseía refinada educación y extensa cultura. Imprimió notable impulso al cultivo de las ciencias, amó apasionadamente las Bellas Artes y supo atraer a su corte a los más conspícuos intelectuales de su tiempo.

El mismo cultivó la poesía y al-Maqqarí nos ha conservado algunas de sus composiciones poéticas, entre ellas estos versos de tema erótico: "Todo el mundo comprende mi adoración por esos bellos ojos que, al abrirse, dislocan a la gente. Sus rabillos son como afilada espada de la India, Y aunque reina la paz entre nosotros, esa espada ha herido mi corazón". El citado historiador tunecino cuenta que durante una de sus expediciones bélicas por el campo de Gibraltar, improvisó estos otros versos : "La noche que era tranquila se ha tornado inquieta y la tropa guarda silencio porque desconoce el porvenir. Será recompensada con otra noche de amor que llenará de regocijo al amante. Los soldados no pueden esquivar el combate, pero se sienten atraídos por la de ojos chispeantes y hechiceros, de estrecha cintura, centro de florecido jardín. Brindemos con generoso vino cuando finalice la noche, con ese vino que embriaga a los jinetes y hace que se tambaleen sobre las cabalgaduras". De su diwán, al-insá, formaron parte literatos eminentes, como Ibrahim ben al-Chayvab quien desempeñó durante algún tiempo la jefatura de aquella oficina y más tarde, cuando cayó en desgracia Reduán, alcanzó la presidencia del gobierno.Los escritores árabes contemporáneos lo califican como uno de los más excelentes poetas de su tiempo.

También pertenecieron a la secretaría real Abd Allah Ibn al-Jatib. padre del célebre polígrafo y "cuya lengua hablaba con tanta claridad que causó envidia a la luna"; Mohámed ben Chuzá al-Kalbí, poeta y prosista de depurado estilo; y el propio Ibn al-Jatib, eminente polígrafo, poeta, gran historiador y científico, cuya correspondencia cancilleresca, obras históricas y prosa rimada le sitúan como el primer intelectual de la Granada nazarí. Las obras públicas realizadas durante el reinado de Yusuf 1 fueron numerosas. Por iniciativa de Reduán construyó la madraza o universidad frente a la mezquita mayor de la medina de Granada, que fue el más importante centro docente del occidente musulmán, en la que impartieron sus enseñanzas no sólo los sabios hispano islámicos, sino también los africanos, que vinieron a Andalucía atraídos por la celebridad de este famoso foco de cultura.

Del primitivo edificio sólo se conserva el oratorio que ha sufrido importantes mutilaciones. Se construyeron entonces mahdaras o escuelas primarias y edificios destinados a la beneficencia. Una de aquéllas estuvo situada junto a la madraza y aún se hallaba en pie en el siglo XVI. Hoy ha desparecido. Yusuf atendió, también, a la consolidación de la mezquita mayor de Granada. Muchas construcciones de carácter castrense fueron levantadas no sólo en la capital, sino también en diversas plazas y lugares del reino. Entonces se completó la cerca de circunvalación de la medina de la Alhambra o ciudad palatina, abriéndose la famosa puerta de la Explanada vulgarmente conocida por puerta de la Justicia; el arrabal del Albayzín quedó rodeado por la muralla que aun subsiste en su mayor parte y llamamos cerca de don Gonzalo, por considerar, erróneamente, que los gastos de su construcción se sufragaron con el rescate de aquel obispo de Jaén; entonces también fue levantada la poderosa fortaleza del Baúl de Baza, calificada por Ibn al-Jatib como "un bien de Dios, una gracia que se hallaba oculta y se manifestó en el reinado de Yusuf y cuya mole blanca se alza brillando como espada desnuda para la guerra y asegura la victoria"; se consolidó y amplió el castillo de Gibralfaro; y finalmente fueron levantadas torres atalayas a lo largo de la frontera desde Vera hasta los alfoces occidentales. Ibn al-Jatib afirma que la construcción de la madraza, la cerca del Albayzín y las torres atalayas se debió a la iniciativa del háchib Reduán.

La arquitectura nazarí alcanzó su perfección durante el reinado de Yusuf. Así lo acreditan el palacio de Comares, con su hermoso patio de los Arrayanes y su imponente salón de Embajadores que luce la más bella techumbre que la mente humana ha podido imaginar y el delicioso palacete contenido en la torre de la Cautiva. Refiriéndose a las construcciones de este sultán, Ibrahim Ibn o ben al Chayyab compuso los siguientes versos en los que alude a los jardines que realzan su belleza: "Construyó magníficos palacios que nos hacen recordar al Paraíso por sus jardines. Sus torres sobrepasan a las estrellas, alcanzándolas en el firmamento. Un jardín donde el nombre del príncipe se mantendrá perenne en cumplimiento de sus esperanzas". Para datar los palacios y edificios que integran la Alhambra no poseemos otros datos que los que nos facilitan las inscripciones que ostentan y el análisis estético de la obra. Pero ocurre que, a veces, los monarcas nazaríes restauraron palacios o salones de palacios construidos por sus predecesores y la inscripción en que se alude al monarca que los mandó construir fue sustituida por otra laudatoria del sultán que ordenó su restauración. Sólo en el caso de la puerta de la Explanada consta de manera evidente la fecha en que fue abierta, entre mayo y junio de 1348 y que lo fue por orden de Yusuf I.

Las inscripciones y el análisis estético del palacio de Comares y de la torre de la Cautiva, les acreditan obra del mismo monarca. Coincidiendo con el reinado de Yusuf ocupaba el trono de los mariníes el sultán Abú-l-Hasan que ambicionaba la invasión de España. En el verano de 1338, antes de que finalizasen las treguas convenidas entre cristianos y musulmanes, dicho sultán, que poseía un poderoso y aguerrido ejército, acumuló fuerzas en las cabezas de puente que los mariníes habían establecido en Andalucía. El príncipe Abú Málik primogénito de Abú-l-Hasan que mandaba las tropas mariníes destacadas en España, logró dominar el Estrecho con la flota africana, facilitando el paso de nuevos e importantes contingentes militares. Alfonso XI, que reinaba en Castilla, advirtió el peligro que le amenazaba y tomó la iniciativa atacando simultáneamente la frontera N. del reino granadino y los distritos que poseían los mariníes en el occidente andaluz. Abú Málik contestó al ataque, corriendo a sangre y fuego la comarca jerezana y acampando a orillas del río Barbate, donde le sorprendieron los castellanos cuando el emir y la mayoría de sus hombres estaban entregados al sueño. En la sangrienta acción pereció el príncipe mariní y fue aniquilado su ejército.

Los castellanos no sólo recuperaron el botín obtenido por Abú Málik en su correría por tierras jerezanas, sino que también se apoderaron de las armas, provisiones y riquezas propias de los mariníes. Corría entonces el mes de enero de 1340. La noticia de la muerte de su primogénito exasperó a Abú-l-Hasan quien aceleró los preparativos de invasión, acrecentando su ya poderoso ejército mediante levas, y reforzando su flota con la construcción de nuevos navíos y la colaboración de las escuadras de Ifriqiya y Génova. Castilla envió la suya, al mando de don Jofre Tenorio, a aguas del Estrecho, para que impidiera el paso del ejército africano. El 1 de abril de 1340 se libró allí la más importante batalla naval del siglo xiv que terminó con gloriosa victoria de los musulmanes. La escuadra castellana quedó deshecha, la mayor parte de los barcos que la componían y no fueron hundidos cayó en manos de los vencedores y sus tripulaciones perecieron o fueron hechas prisioneras. El jefe de la flota castellana, don Jofre Tenorio, murió en la acción.

El paso del Estrecho quedó libre y Abú-l-Hasan pudo trasladar su ejército a España sin ningún género de obstáculos. Sin embargo, aquella victoria no tuvo carácter decisivo. El 14 de agosto dc 1340 el mariní Ahú-l-Hasan desembarcó en Algeciras con su familia, sus servidores y parte de sus riquezas, proclamando la guerra santa contra los cristianos. La noticia del desembarco de Abú-l-Hasan exaltó a los granadinos y el pacífico Yusuf I arrastrado por las circunstancias y el clamor de su pueblo, marchó a reunirse con el sultán mariní al frente del ejército andaluz y de las milicias africanas que estaban a su servicio, dejando encargado dcl gobierno de la capital a sus visires, cuya presidencia no ocupaba va Reduán, que había caído en desgracia, sino Alí ben al-Mawl. Africanos y granadinos pusieron sitio a Tarifa, plaza del Estrecho que se hallaba en poder de Castilla, y en cuyo asedio se emplearon piezas de artillería que los musulmanes llamaban anfat. Mientras tanto Alfonso XI convocó en Sevilla a prelados, caballeros y nobles del reino, acordándose socorrer a Tarifa y solicitar el auxilio militar de Portugal y Aragón, declarando a su vez guerra de cruzada la lucha contra los musulmanes. No sólo Aragón y Portugal engrosaron las filas del ejército cristiano, sino que también acudieron a nutrirlo muchos caballeros extranjeros.

Una poderosa escuadra coaligada de naves castellanas, portuguesas y aragonesas se adueñó del Estrecho impidiendo el paso de tropas y aprovisionamientos de África a España, en tanto que Alfonso XI y el monarca portugués con sus fuerzas militares y las aragonesas, marcharon sobre Tarifa con propósito de levantar el cerco que la plaza resistía heroicamente. El 30 de octubre de 1340 y a orillas del río Salado se libró la batalla que constituyó un desastre para los musulmanes. Los historiadores árabes citan esta acción por el nombre de batalla de Tarifa, mientras que los cronistas castellanos la llaman batalla del Salado. En ella intervinieron cuatro monarcas con sus respectivos ejércitos: Alfonso XI de Castilla, Alfonso IV de Portugal, Abú-l-Hasan sultán del imperio mariní y Yusuf I monarca de Granada. Los granadinos se enfrentaron con las tropas portuguesas que pusieron al enemigo en desbandada y fue el comienzo de la derrota musulmana. Los castellanos destruyeron cl campamento de Abú-l-Hasan pasando a cuchillo a cuantas personas encontraron allí, sin respetar la vida de mujeres y niños. Dos de las esposas de Abú-l-Hasan, Fátima y Aixa, perecieron a manos del enemigo.

El príncipe Tasfin, hijo del sultán mariní, cayó prisionero. Después de saquearlo, el campamento fue incendiado. Abú-l-Hasan salvó milagrosamente su vida, acogiéndose a la ciudad de Algeciras, desde donde más tarde se trasladó a África. Yusuf I logró alcanzar la capital nazarí con su deshecho ejército. La batalla de Tarifa o del Salado revistió trascendental importancia, marcando un hito en la historia del Islam español. Como se ha explicado, los nazaríes venían practicando una política ocasional apoyándose en Castilla o en África, según aconsejaban las circunstancias de cada instante histórico y consecuentemente habían de sufrir el peso de extrañas influencias. Alarmados por el creciente poder de los cristianos y a veces, impelidos por ambiciones territoriales que nunca quedaron totalmente satisfechas, los mariníes no sólo mantuvieron con carácter permanente milicias africanas en Andalucía, sino que los propios sultanes vinieron a España con poderosos ejércitos para luchar contra la cristiandad. La batalla de Tarifa o del Salado marca la última invasión africana y a partir de entonces la influencia mariní deja de gravitar sobre Granada, cuyos sultanes continúan, sin embargo, utilizando dichas milicias, pero arrebatando a éstas su carácter autónomo.

El ejército nazarí integrado por la tropa andaluza y las milicias africanas tenía dos mandos independientes que frecuentemente no operaban coordinados: el sultán y el del jeque de algaras. Después de la batalla de Tarifa sólo hubo un mando único atribuido a la persona del sultán. Yusuf no había olvidado el asesinato de su hermano Mohamed 1V, sabía perfectamente que lo tramaron los Abi-l-Ulá y esperaba ocasión favorable de tomar cumplida venganza en los instigadores del crimen. Tras la derrota de Tarifa ordenó a la guardia palatina que detuviera al jeque Abú Zábit, a sus hermanos y a sus familiares, acusados de mantener secreta relación con Castilla. Mandó también a los gobernadores de provincias que capturasen a los deudos de la familia residentes en sus distritos. La operación se realizó con prontitud y cautela. La sorpresa impidió a los Abi-l-Ulá resistirse y todos ellos fueron presos y trasladados a la alcazaba de Almuñécar, desde donde más tarde embarcaron con destino a Túnez. Yusuf nombró al jeque Ben Rahú jefe de las milicias africanas en sustitución de Zábit Abi-l-Ulá. Alfonso XI supo aprovechar su victoria. Sin pérdida de tiempo atacó la frontera granadina conquistando Alcalá la Real, Priego y Benamejí. Sin embargo, lo que realmente interesaba a su estrategia era poseer las llaves del Estrecho y para conseguirlo necesitaba arrebatar a los mariníes las plazas de Gibraltar y Algeciras, las dos cabezas de puente de que los africanos eran dueños en España. En consecuencia puso sitio a la última ciudad.

Cuando Yusuf tuvo noticia de que Algeciras había sido cercada, acudió presuroso a socorrerlo con su ejercito y las milicias marinís. Junto al río Palmones, los granadinos fueron derrotados, pero Yusuf no cejó en su propósito de obligar a Alfonso XI a levantar el sitio.Musulmanes y castellanos se mantuvieron frente a frente durante algún tiempo limitándose a escaramucear unos con otros, hasta que Yusuf decidió entrar en tratos con el monarca castellano. Algeciras capituló en 1344, rindiéndose en condiciones muy favorables para los sitiados y Yusuf 1 que anhelaba la paz, convino con el rey de Castilla un pacto de tregua por diez años, pacto que suscribieron el monarca aragonés y el duque de Génova por parte cristiana y el mariní Abú-l-Hasan. Contra este último se sublevó después en Marruecos su primogénito Abú Inán y e1 gobernador mariní de Gibraltar tomó partido por el rebelde. Alfonso XI no se consideró obligado a mantener la tregua pactada y al mismo tiempo que atacó la frontera granadina puso sitio a Gibraltar, única plaza del Estrecho que aún se hallaba en manos de musulmanes. Yusuf respondió al ataque realizando una victoriosa expedición por tierras levantinas, corriendo a sangre y fuego la comarca de Alcaraz; y revolviéndose hacia Occidente, taló después las campiñas de Quesada y Ecija, mientras que el háchib Reduán, otra vez vuelto al favor de Yúsuf, conquistaba la plaza de Cañete.

Contra su voluntad, el sultán granadino se vio de nuevo empeñado en la guerra. Como hizo cuando Algeciras fue sitiada, acudió en socorro de Gibraltar al frente de un poderoso ejército que hubo de situar a retaguardia del enemigo; y también como entonces no se libró una batalla decisiva. Un acontecimiento inesperado puso fin a la lucha. Alfonso XI falleció en su campamento, víctima de una terrible epidemia de peste que por aquel tiempo azotaba a Andalucía. El óbito ocurrió el 26 de marzo de 1350. Los caudillos castellanos acordaron levantar el cerco de la ciudad sitiada y parlamentar con los musulmanes, quienes accedieron a que las fuerzas cristianas se retirasen sin ser hostilizadas. A través de las filas de sus enemigos pasó el cadáver de Alfonso XI para ser conducido a Sevilla. Los granadinos contemplaron respetuosamente el paso de la fúnebre comitiva. A tal extremo llegó la caballerosidad de los caballeros moros que, según cuenta Ibn al-Jatib, muchos alcaides del ejército musulmán se colocaron aquel día brazaletes negros en señal de luto. Yusuf convino un nuevo tratado de tregua con los cristianos y regresó a Granada con sus tropas para disfrutar una nueva era de paz que se prolongó hasta su muerte, dedicando sus actividades al embellecimiento de Granada. El día de la fiesta de fitr o ruptura del ayuno del año 755 de la hégira que correspondió al 19 de octubre de 1354 de nuestra era, Yusuf marchó desde su palacio a la mezquita de la medina de la Alhambra para dirigir la oración. El templo se hallaba totalmente ocupado por los dignatarios de la corte y por cuantas personas residían en la ciudad palatina. Cuando estaba a punto de terminar el rezo y el monarca se encontraba prosternado, un demente se arrojó sobre él apuñalándolo con mortal herida que le atravesó el corazón. Los cortesanos recogieron el cuerpo sangrante del sultán y lo trasladaron a su palacio a donde llegó agonizante, falleciendo cuando le colocaban en su alcoba. La multitud se lanzó sobre el asesino y la guardia que le había detenido no pudo impedir que fuera descuartizado. Yusuf dejó tres hijos varones: Mohamed, Isrnail y Qays y seis hembras. El mismo día en que fue asesinado, los granadinos proclamaron rey de Granada a su primogénito Mohámed que hace el número V, entre los monarcas nazaríes que tuvieron aquel nombre. Yusuf dejó a su hijo un reino floreciente y próspero, dotado de una administración pública bien organizada, un Estado libre de extrañas influencias, que mantenía relaciones amistosas con sus vecinos, que gozaba de absoluta independencia y que había adquirido fisonomía propia. Granada era entonces el centro cultural a donde llegaban. como en peregrinación, los sabios de todo e1 Occidente islámico. Se había creado un arte arquitectónico extremadamente bello, exquisito y suntuoso que servia de inspiración a los alarifes del Magreb y las industrias de artesanía, corno la loza vidriada malagueña, la metalistería y la cerámica, alcanzaron su máxima perfección.

MOHAMED V:

Música. SONETO 4.- Rogerio O. Cunha

Con Mohamed V continuó el florecimiento del reino nazarí, florecimiento que había iniciado Yusuf I. Los reinados de ambos monarcas alcanzan a casi la totalidad del siglo xiv que constituye el gran período de la Granada musulmana. El nuevo sultán amante como su padre de las artes y de las letras, formó un gobierno de intelectuales que presidía el háchib Reduán y en el que el célebre polígrafo Ibn al-Jatib ocupaba un ministerio. El poeta Ben Zamrak, cuyos versos ornamentan fuentes y paramentos de la Alhambra, llevaba una secretaría. Mohamed V, emulando a Yusuf I mandó edificar un nuevo palacio junto al que había construido su padre, elevándolo sobre tres plataformas de distinto nivel. Es el conocido por Cuarto de los Leones, en razón de la fuente que ornamenta su plataforma central. La mas baja estaba, y hoy lo está ocupada por bellísimo jardín, denominado patio de Lindaraja; la más alta se destinó a habitaciones privadas de los familiares del monarca, dispuestas también alrededor de otro patio que ahora llamamos patio del Harén.

El Cuarto de los Leones constituye el prototipo del carmen granadino. El poeta Ben Zamrak tuvo la fortuna de que sus composiciones fueran escritas cii estuco, sobre los muros de la Alhambra o esculpidas en mármol en las tazas de sus fuentes. Los cinco primeros años del reinado de Mohamed V fueron felices y pacíficos y durante ellos Granada disfrutó de bienestar, sosiego y prosperidad, pero las intrigas palaciegas vinieron a turbar el ambiente tranquilo de la capital del reino. Un infante llamado también Mohamed, esposo de una de las hermanastras del monarca, ambicionaba el poder y para conseguirlo incitó al infante Ismail para que se rebelase contra su hermano.

De acuerdo ambos con un grupo de descontentos, urdieron conspiración y una noche tenebrosa los conjurados asaltaron por sorpresa el palacio real y luchando con la guardia lograron penetrar en los aposentos en que descansaba Mohamed V, quien, sin embargo, consiguió escapar de manos de los rebeldes. Disfrazado de mujer, huyó de la Alhambra, buscando refugio en la fortaleza de Guadix. En la refriega, los sublevados asesinaron al háchib Reduán y a otros cortesanos del rey. El 22 de agosto de 1355 fue proclamado el rebelde Ismail, segundo sultán de la serie nazarí que tuvo dicho nombre.

Reinó sólo once meses, mediatizado en su gobierno por el infante Mohamed instigador de la conjura que llevó a Ismail al trono. Mohamed, que gobernaba de hecho, decidió hacerlo de derecho y derrocar a Ismail. Organizó una nueva conspiración y el 20 de junio de 1360, Ismail II a quien los historiadores tachan de afeminado, murió a manos dc los sediciosos, juntamente con su hermano Qays, el otro hijo de Yusuf I. Ese mismo día proclamaron a Mohamed VI, conocido en la Historia por el apelativo de "rey Bermejo". Mientras tanto Mohamed V que no desesperaba de recuperar el trono perdido, se trasladó de Guadix a Marbella, embarcando en esta última ciudad rumbo a Africa, con propósito de pedir ayuda contra el usurpador, al sultán mariní Abú Salim, con quien el depuesto monarca granadino mantenía íntima amistad. Mohamed V, acompañado por su ministro Ibn al-Jatib, su secretario Ben Zamrak y un nutrido grupo de cortesanos que le eran adictos, fue recibido en Fez por Abú Salim.

El verbo elocuente de Ibn al-Jatib, quien, en nombre de su señor, impetró el favor de Abú Salim, conmovió profundamente a éste. El marini se comprometió a prestar a Mohamed V la ayuda solicitada; pero no pudo realizar su promesa porque falleció cuando se proponía llevarla a cabo. Con sus acompañantes, excepto Ibn al-Jatib que permaneció algún tiempo en África, Mohamed V regresó a España, acogiéndose a la ciudad de Ronda en la que estableció transitoriamente su corte en exilio y solicitando y obteniendo el auxilio de su amigo Pedro 1 de Castilla. Tropas coaligadas de cristianos y musulmanes derrotaron al ejército del rey Bermejo en la batalla de Guadix y luego invadieron la vega granadina, pero no lograron apoderarse de la capital del reino. En Ronda, Mohamed V reorganizó sus fuerzas y puesto de acuerdo con sus adictos granadinos, se trasladó a Málaga, con propósito de reconquistar el trono a viva fuerza. Presintiendo la tormenta que se avecinaba, impotente para vencerla y temiendo por su seguridad personal, Mohamed VI el rey Bermejo, abandonó la capital del reino, dirigiéndose a Sevilla para ponerse bajo la protección de don Pedro, el cual no sólo hubo de negársela, sino que lo detuvo, le arrebató sus riquezas y llevándolo a Tablada montado en un asno, lo mató allí con su propia mano. En la primavera de 1362 Mohamed V fue jurado monarca de Granada por vez segunda.

Don Pedro le obsequió con la cabeza de su adversario. Tras la restauración, Ibn al-Jatib regresó a Granada, recobró los bienes que le había confiscado el usurpador, fue repuesto en su ministerio e intensificó su actividad literaria, componiendo entonces la "Ihata" una de sus más importantes obras, venero inagotable para el estudio de la historia de Granada musulmán. El segundo reinado de Mohamed V duró cerca de 30 años, durante los cuales el monarca nazarí procuró mantener en paz su reino, Sin perjuicio de que correspondiendo a los favores de don Pedro, le ayudase en la lucha que este último sostenía con su hermano don Enrique y de que intrigase en la política norteafricana muy revuelta por aquel tiempo.

Fue entonces también cuando se esforzó por lograr el embellecimiento de Granada, completando la construcción del palacio de los Leones y levantando otros palacetes y edificios en la medina de la Alhambra. En junio de 1367 terminaba la edificación del gran maristán u hospital que estuvo emplazado en el barrio de los Ajsaris o Axaris, entre la vieja alcazaba y el río Darro, del que se conservan restos en el museo de arte islámico y cuyos dos leones de piedra, que entonces adornaban su patio, lucen hoy junto a la alberca en que se refleja la Torre de las Damas. Emilio García Gómez que en su exhaustivo trabajo sobre Ben Zamrak ha estudiado atentamente este período de la historia granadina, señala la curiosa coincidencia de circunstancias políticas coetáneas entre Granada y Castilla. La corte de ambos reinos aparece dominada por la pasión y sujeta a la intriga. En efecto Enrique de Trastámara lucha contra su hermano Pedro 1 y al arrebatarle el trono instaura en Castilla una nueva dinastía. En Granada Mohamed VI, el rey Bermejo, cuñado de Mohamed V, logra destituir a éste y al ser proclamado sultán, introduce en la serie nazarí una rama dinástica distinta de la legítima.

Don Pedro alancea en Tablada al rey Bermejo para servir los intereses de su amigo Mohamed V. Duguesclin se complica en Montiel en el asesinato de don Pedro para favorecer las pretensiones de su señor don Enrique. Aunque Mohamed V había prestado ayuda a Pedro 1 en su lucha contra Enrique de Trastámara, cuando éste alcanzó cl trono castellano mantuvo buenas relaciones con cl monarca granadino. acaso porque se consideraba impotente para tomar venganza atacándolo y la paz reinó entre Castilla y Granada. Sólo se produjeron pequeños incidentes fronterizos resueltos por vía diplomática. En tiempos de Mohamed V, Granada alcanzó su máximo esplendor que, sin embargo, fue fugaz porque, terminado ya su ciclo histórico, el Islam andaluz entra en decadencia con el fallecimiento de dicho monarca. Con los inmediatos sucesores de Mohamed se inicio el declive del reino nazarí, declive que se aceleraría precipitadamente a través del siglo XV.

Los propios historiadores árabes del xiv predicen la irremediable ruina de la Andalucía musulmana, cuando señalan las condiciones de vida en que se desenvolvían los granadinos de aquel tiempo, que eran las propias de una burguesía indolente que sólo aspiraba a vivir con tranquilidad y al disfrute de sus riquezas. Ibn al-Jatib nos los describe en estos términos: "Los granadinos son ortodoxos, pagan puntualmente sus impuestos, visten con elegancia, comen sabrosos alimentos, tienen excelente moneda, veranean en las caserías de su vega y gustan el vivir apacible. Sus mujeres, algo gruesas y no muy altas, van cargadas de alhajas". Y Ben Jaldún iniciador de la filosofía de la historia, los increpa así: "Estos árabes de España han perdido el espíritu de cuerpo y de mutua asistencia que son los principales factores del poder político. No conservan más que sus genealogías. Sometidos por la fuerza y ahítos de humillación, se imaginan que con el linaje y un empleo en el gobierno se llega fácilmente a conquistar un reino y a gobernar a los hombres".

En los últimos años de su vida, Mohamed V, se tomó desconfiado y receloso dando crédito a las acusaciones que contra Ibn al-Jatib hicieron sus enemigos. Temiendo por su vida, el ilustre polígrafo huyó de Granada, acogiéndose al amparo de los mariníes. Hasta allí le persiguieron la saña de sus detractores y el rencor del monarca. Este designó primer ministro a Ben Zamrak en sustitución de Ibn al-Jatib a quien el poeta debía toda su fortuna política. Granada pidió la extradición del fugitivo, pero el sultán mariní se negó a concederla. Con el cambio de sultán cambió la suerte de Ibn al-Jatib que fue encarcelado en Fez. Mohamed V envió a la corte de los mariníes una comisión de juristas y políticos que presidida por Ben Zamrak, inició proceso contra el detenido acusándole de traición y herejía. Una noche, malhechores pagados por los granadinos asaltaron la cárcel en que estaba preso Ibn al-Jatib y estrangularon al más excelso intelectual de la Granada nazarí. Mohamed V falleció el 16 de enero de 1391 y hasta su muerte tuvo por primer ministro al poeta Ben Zamrak.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Jardín soy yo que la belleza adorna:

Sabrás mi ser si mi hermosura miras.

Por Mohamed, mi rey, a par me pongo

de lo más noble que será o has sido.

Obra sublime, la Fortuna quiere

que a todo monumento sobrepase.

¡Cuánto recreo aquí para los ojos!

Sus anhelos el noble aquí renueva.

Las Pléyades le sirven de amuleto;

la brisa le defiende con su magia.

Sin par luce una cúpula brillante,

de hermosuras patentes y escondidas.

Rendido le da Géminis la mano;

viene con ella a conversar la luna.

Incrustarse los astros allí quieren,

sin más girar en la celeste rueda,

y en ambos patios aguardar sumisos,

y servirle a porfía como esclavas:

No es maravilla que los astros yerren

y el señalado límite traspasen,

para servir a mi señor dispuestos,

que quien sirve al glorioso gloria alcanza.

El pórtico es tan bello, que el palacio

con la celeste bóveda compite.

Con tan bello tisú lo aderezaste,

que olvido pones del telar del Yemen.

¡Cuántos arcos se elevan en su cima,

sobre columnas por la luz ornadas,

como esferas celestes que voltean

sobre el pilar luciente de la aurora!

Las columnas en todo son tan bellas,

que en lenguas corredora anda su fama:

lanza el mármol su clara luz, que invade

la negra esquina que tiznó la sombra;

irisan sus reflejos, y dirías

son, a pesar de su tamaño, perlas.

Jamás vimos alcázar más excelso,

de contornos más claros y espaciosos.

Jamás vimos jardín más floreciente,

de cosecha más dulce y más aroma.

Por permisión del juez de la hermosura

paga, doble, el impuesto en dos monedas,

pues si, al alba, del céfiro en. las manos

deja dracmas de luz, que bastarían,

tira luego en lo espeso, entre los troncos,

doblas de oro de sol, que lo engalanan.

Le enlaza el parentesco a la victoria:

Sólo al del Rey este linaje cede."

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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