En esta otra fotografía, obtenida el pasado día 9 de Junio, podemos ver el mismo Huerto del Carlos (dirección Norte y por tanto inversa a la anterior) desentrañado de sus portentosas ruínas protoibéricas e ibéricas, raíz de la Ihverir o Elibirge de Hecateo de Mileto y de la Iliber de Plinio, miserablemente preparado para albergar (si Dios ni la UNESCO lo remedian) un mastodóntico aparcamiento subterráneo bajo no se qué pretensiones funcionales o sociales.

Lo cierto es que se está lesionando el legado de todos, esquilmando los derechos con que la Historia nos ha señalado como sus depositarios y responsables así como especulando con valores tan preeminentes y fundamentales que justifican y hacen posible, por ellos mismos, la propia cultura diferencial de los pueblos. Lo dejamos aquí: la intención de esta página debe ser otra. Si la encuentran interesante, disfrutenla: está hecha con el profundo cariño que profeso al Albayzín y a una Granada irrepetible. En caso contrario, obvienla teniendo presente mi mayor respeto por su opinión.

Gracias, en cualquiera de los casos.

La presente unidad de la página Web que propongo a la consideración de ustedes, constituye un verdadero hecho excepcional ya que es el resultado de un impulso que no debería tener reflejo en esta comunicación puesto que en ella pretendo alentar dentro de un obvio sentido universalista, el placer estético que despierta indefectiblemente el incomparable encanto que posee Granada y, particularmente, su bellísimo y excepcional barrio del Albayzín.

Esta página Web no alberga, en modo alguno, la intención de denunciar ninguna de las escandalosas agresiones que se están realizando dentro de este espacio privilegiado, puesto que, reitero, sólo se pretende despertar la curiosidad así como la admiración amable y la invitación totalmente desinteresada a que visiten un lugar que, pese a todo, nunca podrá defraudarles. Sin embargo, no obraría con el comportamiento ético que persigo si no objetase, incluso bajo las limitaciones del proceder testimonial que el hecho presente supone, mi oposición más comprometida y tenaz a determinadas actuaciones gravemente lesivas para este formidable patrimonio intemporal que los ciudadanos de hoy sólo hemos de administrar y mejorar con el fin de que pueda ser la mejor heredad que podamos ofrecer a nuestra descendencia, la Humanidad.

 

A la derecha podemos ver, ya terminado, el famoso y horrendo aparcamiento, ese que hará remover la conciencia de muchos granadinos y, por poca que se tenga, la de toda persona que conozca el hecho. Las fotografías que ponen en evidencia tamaño disparate, tienen fecha de 21 de Abril de 2.002. Hemos de recordar este año y este caso no sólo como el de la apropiación privada de un espacio público intemporal y magnífico si no, también, como el de la demostración palmaria de una insensibilidad impropia de los tiempos que corren y sorprendente en grupos y personalidades políticas que representan a un pueblo que no es el de ahora, el de antes o el de más tarde. De ahí su gravedad. ¿Y la UNESCO?, ¿qué es lo que ha hecho la UNESCO?. ¿Quizás confiar ingenuamente en rotundos alegatos de muy sospechosa credibilidad?... Esto me recuerda la historia del zorro que guardaba gallinas: "estaban todas y estaban magníficas..." Pues bien, ahí lo tienen ustedes: una "joya de la modernidad" y del "servicio público"; pueden ver ahí el "magnífico contrapunto y el espléndido complemento" de las maravillas sucesivas que se atisban siguiendo la perspectiva que marca la imagen. Es inevitable pensar cuando observamos el conjunto que tenemos un bunker al lado de una filigrana ... Y otras cosas que no quedarían bien en el texto. ¡...Qué pena...!
YO DENUNCIO...

En la fotografía superior podemos contemplar un bello paisaje; nadie podría decir lo contrario. En primer lugar, contemplamos los distintos planos de la fotografía que reproducen una vista parcial del llamado popularmente Huerto del Carlos así como una porción limitada del parque-jardín que sobre este espacio se construyó de un modo extraño y aparentemente impensado puesto que en lugar de hacer posible la permeabilidad entre sus zonas interiores y de estas con las distintas áreas aledañas (calles del Pilar Seco, Gumiel, Santa Isabel, Camino Nuevo de San Nicolás,...) siempre ha venido obstruyendo la accesibilidad de que debería disponer a fuer de complicar la distribución interna de sus partes, desvertebrándolas, así como levantando muros "disuasorios" en todo su perímetro (parece ser que Granada está condenada a no disponer de parques y jardines adecuadamente resueltos de acuerdo tanto con su idiosincrasia como con el pragmatismo real que debe exigir y garantizar la decisión ciudadana por su inalienable derecho a decidir cómo quiere que sea su ciudad y no como la quiere diseñar y construir la autoridad del momento).

Con todas las objeciones que pudieran alegarse, el Huerto del Carlos era un espacio público relativamente amable y de todos: desde él podíamos apreciar una preciosa vista de las torres norte de la Alhambra, lideradas por la Torre de la Vela y por una Torre de Comares sorprendente, así como una mayestática imagen de la defensiva y formidable Torres Bermejas que en el 750 mandó construir Sawar Ibn Handum para defenderse, en caso de necesidad, de los ya nada acomodaticios mozárabes y judíos que habían aprendido que las promesas se realizan, en ocasiones, para no cumplirse.

Se podría seguir objetando, si de ello se tratara, que esos blancos apartamentos que podemos ver en el punto del quiebro central de la perspectiva quedan descontextualizados respecto al entorno tanto por su situación como por su diseño. Sin embargo, lo más grave para mí es que esquilman la magnífica y pública vista de la Axabica y del Mauror en detrimento de quienes, con anterioridad, podían hacerlo libremente debido a su sencillo y natural derecho de situarse en un espacio común y de todos. Tras la construcción de la urbanización, los propietarios son los grandes beneficiados de la mejor vista puesto que se han apropiado de la plusvalía visual que siendo de todos ahora es sólo de unos pocos, los que han podido y han querido pagarla.

 

Música: SONETO 2. Rogerio O. Cunha